Diabetes Viewpoints
De la Aceptación a la Felicidad
Escrito por Manny Hernandez
Pronto van a cumplirse seis años desde que escuché a mi medico decir: “Lo siento, pero tiene diabetes.” Recientemente he estado reviviendo ese día y cómo llegué a aceptar que tengo diabetes.
El recuerdo empezó con un comentario que leí no hace mucho. Una profesora en el Centro de Ciencias de la Salud de Universidad de Texas en San Antonio comentaba que algunos pacientes latinos “han visto lo que la diabetes puede ocasionar y no quieren admitir que la tienen porque ello implicaría cambiar de estilo de vida.”
La primera reacción
La diabetes tipo 2 ha estado presente del lado de la familia de mi padre desde hace tiempo. Además de esto, antes de ser diagnosticado mis hábitos alimenticios dejaban mucho que desear. Sin embargo, no estaba preparado para escuchar que tenía diabetes. Mi primera reacción fue empezar a comer major para perder peso. Logré librarme para siempre de 40 libras en los dos primeros meses. También me anoté para corer un media maratón para ayudar a recaudar fondos para la diabetes.
Mi doctor me dijo que tenía diabetes tipo 2, así que estuve tomando medicinas orales como parte de mi tratamiento durante los meses de entrenamiento para la carrera. Unas pocas semanas luego de cruzar la meta, enfrenté la realidad: las medicinas orales no estaban dando resultado. No lograba mantener mi nivel de azúcar en la sangre por debajo de 150, así que mi doctor me refirió a un endocrinólogo.
Luego de algunos exámenes de sangre, se determinó que tenía en mí los mismos anticuerpos responsables por la destrucción de las células que producen la insulina, causando diabetes tipo 1.
Lideando con la diabetes
Escuchar la palabra “diabetes” cuando me diagnosticaron no fue fácil. Sin embargo me dispuse a leer y aprender todo lo más que pude acerca de mi cuerpo y lo que podía hacer para ayudarlo. Lo hace a uno sentirse más humilde el redescubrir la perfección del cuerpo humano y darse cuenta cómo uno asume que nunca va a dar problemas, mientras está funcionando bien.
El mayor reto para mi fue cuando tuve que empezar a inyectarme insulina. El concepto de inyectarme en mi cuerpo algo para poder ayudarme a seguir vivo no me resultaba para nada atractivo. Con el tiempo, al ver niños inyectarse insulina, me di cuenta de que estaba siendo un bebé llorón al quejarme.
No cabe duda: empezar a inyectarme insulina implicó un cambio de estilo de vida. Pero la alternativa era peor –tener que medirme el azúcar en las sangre e inyectarme insulina unas pocas veces al día no era tan grave en comparación con la posibilidad de perder la vista, una pierna o mi vida a una edad temprana, como resultado de una diabetes descontrolada.
No soy perfecto…
He sido un perfeccionista la mayor parte de mi vida y me gusta hacer las cosas de una cierta manera (¿No es así con todo el mundo?) Así que el otro reto que me tocó enfrentar fue aceptar las imperfecciones que rodean una vida con diabetes.
Por vez primera me encontraba ante un caso donde circunstancias como el estrés, una infección o carbohidratos escondidos en una comida podían disparar mis niveles de azúcar, y no había nada que pudiera yo hacer para cambiarlo. Sólo podía evitar estresarme o enfermarme y asegurar que contaba mis carbohidratos a la perfección en cada comida. ¿Ven cómo esto puede ser díficil?
Tuve que admitir que tenía diabetes y que no iba a lograr un control perfecto todo el tiempo. Hoy en día, cuando mis niveles de azúcar en la sangre no responden a mis mejores esfuerzos por mantenerlos bajo control, aún me saca de quicio. Aceptar que tendría que pasar momentos en que circunstancias más allá de mi control podían afectar mi diabetes fue una gran barrera, pero superarla me ayudaría a tener una vida más sana.
Si me preguntan hoy, yo prefiero cuidar mi diabetes y poderme reir de mí mismo en el espejo que pretender que nada está pasando y tener que enfrentar las consecuencias.









